Después de decepciones, el corazón se protege. Levanta muros. Se vuelve frío.Pero Dios no quiere que vivas encerrado emocionalmente. Él quiere sanar tu confianza.La confianza no se recupera con palabras, se recupera con sanidad interior.Hoy deja que Dios toque tus heridas. Él puede enseñarte a confiar de nuevo, sin miedo.