Hay heridas que nadie conoce. Son dolores internos, traumas, pensamientos oscuros, recuerdos que todavía duelen.Pero Dios no solo sana lo visible. Él sana lo oculto. Él toca el alma donde nadie más llega.La sanidad comienza cuando dejas de esconderte y te abres delante de Dios. Él no te juzga. Él te restaura.Hoy, entrégale tu dolor. No importa cuán profundo sea. Dios puede sanar incluso lo que parecía irreversible.